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Espacios acogedores, cálidas habitaciones, comodidad, limpieza, buen servicio y una suculenta cocina, herencia familiar de varias generaciones, se conjugan para hacer de su estadía un recuerdo memorable. Los arquitectos que diseñaron la casa hicieron un trabajo maravilloso al rodearla de ventanales y corredores que permiten a una naturaleza deslumbrante emerger desde cada ángulo de la propiedad: flores, aves, insectos y un cielo siempre cambiante invitan al descanso y la tranquilidad. Dos habitaciones en el ala norte comparten un amplio baño y la vista espectacular del volcán Pichincha y el Valle de Los Chillos, en esta misma ala de la casa están el Salón Pléyades con su piano y bien nutrida biblioteca, el salón de video con una colección de películas sobresalientes y la veranda que nos permite disfrutar del paisaje de ensueño que rodea a la hacienda. Cuatro suites impregnadas del carácter único de la propiedad se encuentran alrededor de la casa disfrutando de la vista de los jardines, la pila y el estanque. El Salón Ecuador fue el estar y comedor estilizados de la hacienda. Aquí las cenas a la luz de las velas se acompañan con el arrullo evocador del fuego crepitante de la estufa. El Salón San Francisco, antigua capilla de la hacienda, conserva el altar del santo patrono de la propiedad y es el marco para el bar y un comedor donde los desayunos y almuerzos se engalanan con la vista de la pileta y coloridos jardines. Los fuertes cimientos de piedra de la casa albergan el museo de la Imprenta que nos enseña sobre el inicio de la industria gráfica en el país. En el corazón de la cocina se encuentra aún el horno que ha permitido alimentar no solo de ideas, sino también de pan a tanto forjador de sueños que ha hecho parte de la hacienda. Sus anfitriones: Enrique, un artista nato, amante del dibujo, la pintura y la escultura y Giovanna aficionada a la decoración y la cultura, han impregnado cada espacio con hermosas piezas de arte de diferentes épocas: óleos, acuarelas, esculturas, telas, muebles y objetos diversos recolectados en sus múltiples viajes por el país. Su hospitalidad y simpatía les hará sentir parte de la “familia San Francisco”. |
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